La heladería Frío Fino, en plena calle Pureza, acaba de poner en marcha una iniciativa que quiere convertir el helado en algo más que un capricho dulce. Manu Jara y el pastelero Ricard Martínez han unido su experiencia para crear un sorbete de frambuesa y lichis con un destino solidario: los beneficios de su venta irán a la obra social de la Esperanza de Triana.

Los dos profesionales mantienen una estrecha vinculación con el barrio y han querido que esta primera colaboración comenzara precisamente aquí, en Frío Fino, la heladería de Manu Jara a pocos pasos de la Hermandad de la Esperanza de Triana. El resultado es un sorbete fresco, aromático y extremadamente cremoso que ya forma parte de la oferta de la heladería. Con palmerita de Manu incluida.
Un sabor con fecha, una iniciativa sin final
El sorbete estará disponible hasta noviembre, cuando termine la temporada de Frío Frio. Pero la intención de Manu Jara es que esta sea solo la primera parada de un proyecto que continúe en el tiempo.
La idea es seguir invitando a otros maestros de la gastronomía y la pastelería para crear nuevos sabores y, con cada colaboración, vincularlos a una causa diferente. De esta manera, la heladería irá convirtiendo parte de su carta en un espacio para la colaboración y la solidaridad, dando protagonismo cada vez a nuevos creadores y entidades.
Esta primera edición tiene, por tanto, un marcado acento trianero, y los beneficios irán destinados al centro para niños con THD que tiene la hermandad, según nos comentó el diputado de Caridad de la Hermandad de la Esperanza de Triana, Manuel Fernández Armenta. Pero solo es el comienzo. Después de la Esperanza de Triana llegarán otras causas, otros colaboradores y otros sabores.
Por ahora, el primer capítulo se puede probar en Frío Fino, en el número 83 de la calle Pureza. Un proyecto que arranca en pleno corazón de Triana con la ambición de consolidarse como una plataforma constante de apoyo a las causas que lo necesitan.