La XXIV Bienal abrió anoche su gran escenario en la Plaza de toros de la Maestranza con ‘El mundo por montera’, una gala que reunió a grandes figuras del cante y el baile.
Llevamos una semana calentando gargantas y ensayando «perlas» para que por fin hoy se levante el telón.
Y lo hizo anoche, en la Plaza de Toros de la Real Maestranza, con El mundo por montera, la gala inaugural de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla.
Después de varios días presentando por sus barrios lo que esta Bienal iba a ofrecer, llegó el momento de que se inaugurase por todo lo alto. La Maestranza recibió a los artistas y a un público que tenía muchas ganas de flamenco. Entre los asistentes estuvo también el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz.
Una noche de grandes nombres
Andrés Marín y Luis Ybarra se encargaron de la dirección artística inspirada en 1926, un año fundamental en la historia del flamenco y en su llegada a los grandes públicos.
José Mercé, José de la Tomasa, Martirio, Arcángel, La Tremendita, Ángeles Toledano, El Perrete y Manuel de la Tomasa fueron pasando por el ruedo, acompañados por guitarras como las de Manolo Franco, Alfredo Lagos y David de Arahal.
Muchos nombres de peso y con momentos muy diferentes. Cada artista aportó su personalidad y su manera de entender el cante y el baile.
El baile que llenó la Maestranza
Uno de los momentos que más me gustaron fue el del Ballet Flamenco de Andalucía, con Patricia Guerrero. Hipnótica y perfecta.
Patricia Guerrero volvió a demostrar su capacidad para llevar el flamenco a otras dimensiones sin perder su esencia.
Y si hablamos de cante, El Perrete fue para mí otro de los grandes momentos de la noche. Su actuación tuvo fuerza, personalidad y consiguió una respuesta instantánea del público.
Una gala para todos
La noche fue avanzando por distintos palos y estilos. La Tremendita, Arcángel, Martirio, José de la Tomasa y José Mercé fueron dejando también sus momentos, en una gala que quiso reunir distintas generaciones y diferentes formas de sentir el flamenco.
Hubo soleá, seguiriya, petenera, granaína, cantiñas y fandangos. Y hubo, sobre todo, muchas ganas de disfrutar de una noche que Sevilla llevaba días esperando.
Fin de fiesta al que el público quiso unirse con sus aplausos.
Y así, después de una semana de anticipos, presentaciones y esas «perlas» que nos habían ido abriendo el apetito, la Bienal ya estaba en marcha. A disfrutarla.