El Maestranza sabe escuchar a José Mercé

El domingo, dentro de la Bienal, José Mercé llevó al Teatro de la Maestranza Toquen a rebato, un montaje sin red en el que el cante se sostiene sobre tres guitarras jóvenes: David de Arahal, José del Tomate y Manuel Cerpa.

3 Min Read

«Es más difícil escuchar que cantar, y vosotros sabéis escuchar», palabra de Mercé.

Nada más pisar las tablas, el jerezano puso las cartas boca arriba. Solo con su garganta y con luz cenital. Cantó. Dijo que en Sevilla se siente en casa y lo demostró.

Luego recordó su condición de Hijo Predilecto de Andalucía y avisó de lo que venía: una noche flamenca, sin adornos.

Lo puro

Hizo una presentación que era una declaración de intenciones… venía con sus «niños». Tres guitarras jóvenes, que hay que abrir paso.

Cerpa abrió la primera herida con la guitarra y Mercé entró detrás, con esa voz suya que suena a material gastado por el uso, a madera que lleva años sosteniendo peso.

Mucho compás

Cayó una bulería por soleá con el cantaor ya sin chaqueta, instalado en el escenario con una naturalidad doméstica, y el teatro entendió que allí no se venía a ver un espectáculo sino a compartir una sobremesa larga.

José del Tomate tomó después el relevo. De Arahal completó el triángulo. Entre los tres levantaron un acompañamiento que mira al futuro sin renunciar a la raíz, que era exactamente el argumento de Mercé sobre las tablas: lo que él trae, siempre, es flamenco.

Todo quería recordar a la noche de 2016 en la que Mercé cerró la edición flanqueado por Tomatito, Pepe Habichuela y Alfredo Lagos. Diez años después, el gesto se repite con otra generación en las sillas.

Cádiz, Jerez y un mapa dibujado con la voz

El repertorio funcionó como itinerario. Seguiriya. Bulerías. y Cádiz y después el regreso obligado a Jerez, que es donde empieza y termina todo en su biografía.

Los olés fueron ganando y las conversaciones se sucedieron. Las palmas se ordenaron solas. Desde el patio de butacas se sucedían los piropos.

Y en algún momento de esa deriva, Mercé dejó el discurso desnudo: defendió el flamenco puro, el de raíz, el que no necesita justificarse ante nadie ni pedir permiso a las modas.

Y en baile

Hubo un instante en que la voz no le bastó.

Mercé se movió. Marcó. Bailó rematando ideas que el cante había dejado a medias. Duró poco y fue su sello.

El teatro se vino abajo.

Un elogio al silencio

Lo más revelador de la noche, sin embargo, no fue un quejío. Fue una observación.

Mercé dijo que escuchar cuesta más trabajo que cantar, y añadió que el público que tenía delante sabía hacerlo. En un momento en que casi todo se consume a medias y con el teléfono en la mano y muchos efectos, la frase sonó a sentencia.

El Maestranza escuchó y se entregó.

Share This Article
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *